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jueves 14 noviembre 2019



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Presencia romana

El descubrimiento de un importante puerto romano en Irún, antigua Oiasso, ha ampliado el horizonte de la historia marítima vasca. Todos los datos indican que la fundación del asentamiento romano de Oiasso responde al carácter estratégico del lugar y a los yacimientos minerales del entorno. En este punto existe un paso natural que permite superar por el litoral la barrera montañosa de los Pirineos, y en las inmediaciones se han reconocido kilómetros de explotaciones mineras romanas dedicadas a la extracción de minerales de plata, cobre y hierro. Los primeros datos de la colonización romana se fechan a finales del siglo I a. de C. dando paso a una etapa de crecimiento dinámico que, a partir del período Flavio y, sobre to-do, a finales del siglo I de nuestra Era, adquiere su máxima ex-presión. Esta fase de apogeo está estrechamente ligada a la construcción de muelles, varaderos, diques y almacenes de un puerto de importancia regional que se mantendrá muy activo por lo menos hasta finales del siglo II AD. El puerto de Oiasso se inscribe en la ordenación marítima del imperio, se encuentra en una posición equidistante de los puertos de Burdigala (Burdeos) y Portus Victoriae Iuliobrigensium (Santander), en el mismo eje del Golfo de Bizkaia.

Es difícil imaginar un puerto importante sin barcos ni astilleros.
  Sin duda, los fundadores de la ciudad de Oiasso llegaron con sus
  gremios de constructores, entre los que no faltarían maestros carpinteros
  de ribera, como ya sucedió en Nantes con la construcción
  de galeras romanas de tipo mediterráneo, por orden de Julio
  César, para combatir a los vénetos en las costas que hoy conocemos
  como bretonas. Es lógico pensar que los astilleros que necesariamente
  albergara Oiasso estarían nutridos de mano de obra
  autóctona, al igual que las tripulaciones de sus naves.
Es difícil imaginar un puerto importante sin barcos ni astilleros. Sin duda, los fundadores de la ciudad de Oiasso llegaron con sus gremios de constructores, entre los que no faltarían maestros carpinteros de ribera, como ya sucedió en Nantes con la construcción de galeras romanas de tipo mediterráneo, por orden de Julio César, para combatir a los vénetos en las costas que hoy conocemos como bretonas. Es lógico pensar que los astilleros que necesariamente albergara Oiasso estarían nutridos de mano de obra autóctona, al igual que las tripulaciones de sus naves. © José Lopez

Es muy probable que el origen de la técnica constructiva de los
  cascos a tingladillo esté asociado a las canoas monoxilas. Éstas, limitadas
  por el tamaño del tronco, pudieron desarrollarse con la
  aplicación de tablas solapadas a sus costados. Si bien esta técnica
  difiere tecnológicamente del sistema de espiga, comparte con él el
  concepto de elaboración del casco empezando también por el forro.
  Esta similitud conceptual podría haber propiciado la construcción
  de barcos a tingladillo de línea romana en nuestro litoral.
Es muy probable que el origen de la técnica constructiva de los cascos a tingladillo esté asociado a las canoas monoxilas. Éstas, limitadas por el tamaño del tronco, pudieron desarrollarse con la aplicación de tablas solapadas a sus costados. Si bien esta técnica difiere tecnológicamente del sistema de espiga, comparte con él el concepto de elaboración del casco empezando también por el forro. Esta similitud conceptual podría haber propiciado la construcción de barcos a tingladillo de línea romana en nuestro litoral. © José Lopez

Esquema que muestra la hipotética evolución de la técnica
  constructiva romana hacia la técnica atlántica del tingladillo. Las
  gruesas tablas de los barcos romanos se unen a las ya montadas sin
  apoyarse sobre un armazón previo, formando el casco a medida
  que se añaden más tablas. Éstas se unen entre sí mediante espigas
  insertadas en ranuras distribuidas a lo largo de los cantos, exigiendo
  un minucioso trabajo de carpintería para obtener un encaje perfecto
  que finalmente será reforzado con piezas estructurales internas.
Esquema que muestra la hipotética evolución de la técnica constructiva romana hacia la técnica atlántica del tingladillo. Las gruesas tablas de los barcos romanos se unen a las ya montadas sin apoyarse sobre un armazón previo, formando el casco a medida que se añaden más tablas. Éstas se unen entre sí mediante espigas insertadas en ranuras distribuidas a lo largo de los cantos, exigiendo un minucioso trabajo de carpintería para obtener un encaje perfecto que finalmente será reforzado con piezas estructurales internas. © José Lopez
Restos de entramado del muelle, puerto romano de Oiasso.
Restos de entramado del muelle, puerto romano de Oiasso. © José Lopez

Mazo encontrado en el puerto romano de Oiasso, asociado a
  labores de construcción naval según otras piezas existentes en Londres y Ostia.
Mazo encontrado en el puerto romano de Oiasso, asociado a labores de construcción naval según otras piezas existentes en Londres y Ostia. © José Lopez
En las excavaciones arqueológicas realizadas por el equipo de
  Arkeolan en la mina grande de Arditurri (Arditurri 20) de Oiartzun
  en el año 2008, se han descubierto importantes testimonios de trabajos
  romanos. Destacan las labores de beneficio del filón, encaminadas
  a la obtención de minerales de plata. Las galerías se abrieron
  siguiendo el método de torrefacción que consistía en quemar grandes
  cantidades de madera junto a las paredes de roca para, una vez
  reblandecida por efecto del calor, extraerla con mayor facilidad. Los
  mineros romanos se valieron de lámparas de aceite –lucernas– para
  iluminar los trabajos del subsuelo; al ser de barro, era frecuente que
  se rompieran y que sus fragmentos quedaran en el interior de las
  minas. Éste de la imagen, presenta una embarcación de remos, con
  una alta popa. La parte de la proa ha desaparecido y con ella los
  indicios que nos permitirían determinar si era una nave de guerra.
  Los barcos de la armada romana llevaban un espolón metálico,
  rostrum, con el que embestir a los enemigos. (Mertxe Urteaga).
En las excavaciones arqueológicas realizadas por el equipo de Arkeolan en la mina grande de Arditurri (Arditurri 20) de Oiartzun en el año 2008, se han descubierto importantes testimonios de trabajos romanos. Destacan las labores de beneficio del filón, encaminadas a la obtención de minerales de plata. Las galerías se abrieron siguiendo el método de torrefacción que consistía en quemar grandes cantidades de madera junto a las paredes de roca para, una vez reblandecida por efecto del calor, extraerla con mayor facilidad. Los mineros romanos se valieron de lámparas de aceite –lucernas– para iluminar los trabajos del subsuelo; al ser de barro, era frecuente que se rompieran y que sus fragmentos quedaran en el interior de las minas. Éste de la imagen, presenta una embarcación de remos, con una alta popa. La parte de la proa ha desaparecido y con ella los indicios que nos permitirían determinar si era una nave de guerra. Los barcos de la armada romana llevaban un espolón metálico, rostrum, con el que embestir a los enemigos. (Mertxe Urteaga). © José Lopez

El contexto atlántico del imperio de Occidente, con los puertos
  romanos de Portus Victoriae Iuliobrigensium (Santander), Oiasso
  (Irún), Burdigala (Burdeos), Gesoriacum (Boulogne-sur-mer), base
  de la flota romana del Atlántico, Condevicnum o Portus Namnetum
  (Nantes) y Londinium (Londres).
El contexto atlántico del imperio de Occidente, con los puertos romanos de Portus Victoriae Iuliobrigensium (Santander), Oiasso (Irún), Burdigala (Burdeos), Gesoriacum (Boulogne-sur-mer), base de la flota romana del Atlántico, Condevicnum o Portus Namnetum (Nantes) y Londinium (Londres). © José Lopez
E r r o m a t a r r e n
merkantzia-ontzia
Barco mercante romano. Un aspecto de suma importancia es la adecuada adaptación de las embarcaciones romanas de origen mediterráneo a las características del Golfo de Bizkaia, que muy probablemente derivaría en una nueva tipología naval. Los romanos en-contraron en nuestro litoral diferentes condiciones de navegación de las que estaban acostumbrados, como el régimen de mareas, las olas del Atlántico, la existencia de barras y los vientos dominantes. Por otro lado, también eran diferentes los materiales de construcción y las técnicas artesanales locales, propiciando una simbiosis que mar-caría el inicio de la evolución en las técnicas de construcción naval.. © José Lopez

Estos barcos son reconstrucciones de los hallados en exca-vaciones
  del contexto atlántico en el río Támesis, Inglaterra.
Estos barcos son reconstrucciones de los hallados en exca-vaciones del contexto atlántico en el río Támesis, Inglaterra. © José Lopez
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